Neuroplasticidad: entrenamiento y recuperación

Cuando como entrenadores personales iniciamos un proceso de entrenamiento con un cliente, lo hacemos siempre con 2 objetivos generales: evitar que se produzca  una lesión (o recuperarla), y aumentar el rendimiento funcional del individuo. Para ello, diseñamos estímulos de entrenamiento que produzcan adaptaciones positivas al organismo que lo hagan mejorar en términos de eficiencia y eficacia motriz.

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Por: Raúl Gil, Director Técnico en www.fidias.net

En un primer lugar es imprescindible entender cómo funciona el organismo para poder comprender qué estímulos pueden ser más interesantes, cómo ordenarlos en el tiempo o con qué frecuencias y en que situaciones utilizar cada uno.

El ser humano es un conjunto de sistemas hipercomplejos e interrelacionados que están diseñados para generar movimientos que nos permitan adaptarnos al entorno cambiante que nos rodea. Este conjunto de sistemas está gobernado por el Sistema Nervioso que ejerce de sistema de control del movimiento. Miles de señales de información (internas y externas) se filtran a través de receptores situados a lo largo y ancho de nuestro cuerpo (Sensación), viajando hacia el cerebro, que filtra esa información, la interpreta (Percepción) y en función de esta, genera impulsos que producen los movimientos visibles a nuestros ojos y que le permiten adaptarse al entorno (Orden Motora).

El estrés, las posiciones mantenidas, los movimientos repetitivos, una lesión, la inadecuada recuperación o las propias emociones, pueden provocar que estos sistemas de control del movimiento se vean alterados, provocando que la interpretación (percepción) de esa información de entrada (sensación) se vea afectada y por lo tanto la respuesta motriz (orden motora) sea inadecuada. Una respuesta motriz alterada provocará un aumento del stress del sistema y un posible daño tisular en las estructuras que soportan el movimiento, retroalimentando estas interacciones negativas para el sistema.

¿Qué herramientas tenemos para que esto no suceda?

La Neuroplasticidad está definida como la capacidad del cerebro para cambiar en función del uso que le damos. Cuando aprendemos un nuevo movimiento o una nueva habilidad, en una primera fase necesitamos prestarle mucha atención consciente. Nuestro cerebro dedicará un tiempo especial a interpretar toda la información que le llega al realizar y explorar esas nuevas posibilidades de movimiento. A medida que va comprendiendo y controlando esta novedosa información, generando y potenciando nuevas conexiones entre neuronas, hasta que él pueda ser generado de manera automatizada, cuando las señales provenientes del entorno nos sugieran que podemos echar mano de esta habilidad para resolver el problema motor que se nos presente. Así, podrá volver a focalizar la atención sobre otros aspectos (entorno, nuevos aprendizajes, etc.). El cerebro cambia para aprender nuevas habilidades, reafirmar las ya establecidas o borrar aquellas que hace tiempo que no utiliza, las que no controla o aquellas que considera perjudiciales para su correcto funcionamiento.

Por lo tanto y enlazando con las ideas de los primeros párrafos, cuando detectamos alteraciones en el proceso de control de movimiento o alteraciones en los patrones de movimiento que producen estrés añadido al sistema y daño en las estructuras que soportan el movimiento, ¿qué tendrá más sentido, tratar de reacondicionar esas estructuras o reestablecer un adecuado control del movimiento que permita no solo restar estrés al sistema y evitar el futuro daño en los tejidos, sino además permitir la regeneración de los tejidos afectados?

¿Utilizamos estas herramientas?

Durante muchos años el entrenamiento y la fisioterapia se han dedicado exclusivamente a trabajar sobre la propia estructura: hacíamos masajes, aplicábamos antiinflamatorios, sometíamos a la estructura a trabajo excéntrico en las tendinopatías, o tratábamos de mejorar el tono muscular de un cuádriceps durante la recuperación de un ligamento cruzado anterior… Y tal vez nos estábamos dejando la herramienta más potente por el camino: cambiar el cerebro para modificar los movimientos potencialmente lesivos y aumentar el rendimiento. La causa raíz de esas alteraciones no es la estructura en sí misma. Una afectación de la estructura es la consecuencia de esta alteración en los procesos de control, por lo que reaprendiendo los movimientos que se han podido ver alterados, restituyéndolos por unos mejorados y eliminando los factores desencadenantes de estas alteraciones (estrés, movimientos repetitivos, posiciones mantenidas, emociones, etc.) podremos actuar sobre la eficiencia global del sistema, protegiendo su integridad y creando la base sobre la que construir y desarrollar movimientos que aumenten el rendimiento funcional.

Un arma potente siempre es peligrosa

Cuando manejamos un arma con la capacidad del cerebro, más nos vale utilizarla bien. Si utilizamos siempre los mismos movimientos, las mismas posturas, nos movemos poco o no restablecemos una correcta percepción de la información que entra en el sistema después de una lesión, el cerebro empezará a tener problemas para interpretar correctamente la información que llegue de estas estructuras, haciendo que los procesos de control se alteren y las ordenes motoras generen movimientos potencialmente lesivos. Así mismo un movimiento mal aprendido, si lo utilizamos con frecuencia, generará día a día conexiones entre neuronas que provoquen y potencien automatización, haciendo que el proceso de cambio sea más complejo y a su vez provocará daño estructural y estrés sistémico cada vez que se recurra a él.

¿Cómo darle un buen uso?

Creo que es fundamental para todos los entrenadores, fisioterapeutas e incluso clientes comprender como funciona el cerebro y como potencia o inhibe interacciones neuronales en función de los estímulos que reciba y sobre qué procesos focaliza la atención el sistema nervioso. Por eso, es fundamental dedicar mucho tiempo en nuestros entrenamientos y en nuestros movimientos diarios, a asegurar y reafirmar esas interacciones positivas e inhibir aquellas que puedan provocar alteraciones en los procesos de control del movimiento.

El aprendizaje motor, y el movimiento consciente, permite la modificación del funcionamiento del sistema nervioso, la creación y potenciación de esas conexiones favorables y la inhibición de aquellas potencialmente lesivas. En una segunda fase, cuando estos patrones eficientes estén aprendidos y reafirmados en la memoria motriz será el momento de desarrollarlos para que puedan ser realizados durante más tiempo, con más carga, a más velocidad, bajo situaciones de estrés, entre otros.

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